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Israel autoriza la adopción a parejas homosexuales y desata la furia ultraortodoxa
Con calificativos del estilo de «alucinante», «nauseabundo» o «ultrajante», el partido ultraortodoxo Shas, aliado del Gobierno de Ehud Olmert en Israel, condenaba ayer la decisión del abogado general del Estado, Menajem Mazuz, de autorizar a las parejas del mismo sexo a adoptar niños «de acuerdo con iguales criterios» a los que se aplican a las parejas heterosexuales.
En un país donde únicamente se reconoce de forma oficial el matrimonio religioso, aunque el homosexual está legalizado desde 2004 sólo a efectos de propiedad y herencia, el pronunciamiento de principal consejero jurídico del Ejecutivo desataba un verdadero terremoto entre los influyentes sectores del judaísmo más radical, que no han descartado promover una ley en el Parlamento para anular lo decidido por Mazuz.
Para quienes la Biblia, que tacha en el Levítico la homosexualidad de «abominación», ordena todos los aspectos de la vida familiar, cualquier práctica en contra supone una grave perversión. Son como una plaga «tóxica como la gripe aviar», responsables «de provocar la autodestrucción de la sociedad israelí y el pueblo judío», acusaba ayer en referencia a los homosexuales el diputado del Shas Nissim Ze'ev, conocido por alzarse cada año como el azote divino contra el desfile del orgullo gay.
Precedentes
Pero lejos de constituir una novedad, la declaración de Mazuz en la que el domingo por la tarde anunciaba que en adelante no se opondrá «para nada» a la adopción por parejas del mismo sexo de niños con los que no mantengan ningún vínculo biológico, suponía solamente una ampliación de dos decisiones ya adoptadas por la Corte Suprema de Justicia. La primera, en el año 2000, que aprobó la adopción por parte de Nicole Berner-Kadish de la hija de su pareja lesbiana Ruti. Y la segunda, en 2005, en la que Tal y Avital Yarus-Hakak, ambas también mujeres, adoptaron mutuamente cada una de ellas a los hijos de la otra.
En atención a este doble precedente, en el que siempre se tenía en cuenta la voluntad de una de las partes de la pareja de adoptar al hijo biológico de la otra, el fiscal general resolvía que tampoco habrá «problemas legales en permitir a parejas del mismo sexo, o a uno de sus miembros, adoptar a un niño no emparentado, que no sea hijo de alguno de los miembros de la pareja».
Facebook una puerta hacia la lujuria para los Saudies
Una joven de Arabia Saudí fue descubierta por su padre mientras mantenía una conversación con un hombre en Facebook. El padre le propinó una paliza y después la mató de un disparo, según publicó la web de noticias Al-Arabiya.net.
El suceso ocurrió en Riyadh el pasado mes de agosto, pero ha sido ahora cuando se ha conocido, a raíz de una información publicada en relación a los comentarios del clérigo Ali al-Maliki, el principal crítico de Facebook en el país.
Según al-Maliki, Facebook es una puerta de entrada hacia la lujuria, que provoca que los jóvenes gasten más dinero en móviles e Internet que en comida. También la acusa de ser un instrumento occidental para corromper a los jóvenes árabes, y una tapadera para encubrir relaciones homosexuales.
Se calcula que en Arabia Saudí hay alrededor de 30.000 usuarios de Facebook. La mayoría de las mujeres que utilizan la red social se esconden bajo seudónimos, fotografías y datos de contacto falsos, aunque uno de los grupos más populares, denominado "Single and Looking in Saudi Arabia" y que cuenta con más de 1.800 miembros, contiene numerosas imágenes sexualmente explícitas.
En Arabia, una campaña que pretende prohibir el acceso a Facebook desde los ISPs del país, de la misma forma que ha sucedido ya en Siria, cuenta con 6.500 firmas.
La Postura de la Iglesia frente a la Homosexualidad
20MINUTOS.ES. 20.03.2008 - 20:12h
- La BBC realiza una comparación de versos en los que no queda clara la condena de la Iglesia a esta condición sexual, según la Biblia.
- Las condenas expresas son más abundantes en el Antiguo Testamento.
- Sin embargo, existen pasajes en los que podría entreverse una relación homosexual.
Ante la confusión reinante por la existencia de grupos a favor y en contra dentro de la Iglesia sobre la homosexualidad, la BBC ha realizado un reportaje acerca de cómo recoge este hecho la Biblia en sus diferentes pasajes.
La Biblia hace muy pocas menciones, y en ningún caso tiene referencias al lesbianismo, y las interpretaciones que se hacen de esos textos son muy variadas y se diferencian enormemente. La BBC se hace eco de textos del Antiguo Testamento, con más referencias expresas, aunque compara también con el Nuevo Testamento.
Una abominación
En Samuel 1:26 puede leerse cómo David llora a Jonatán, quién le dio un "maravilloso amor, más que el amor de las mujeres". Sin embargo recoge otros pasaje como el de Levítico 18:22 en el que se afirma tajantemente que mantener relaciones con hombres como si fueran mujeres (en el caso de los hombres) es una abominación.
Así, existen más referencias expresas a condenar la homosexualidad e incluso el travestismo, que lo contrario. Otro ejemplo puede verse en (1 Co 6:9-10): "¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios".
Falta de moralidad
Otra de las interpretaciones que se hacen a favor de la homosexualidad vienen de la manera con que Jesucristo habló a sus apóstoles de Sodoma, que recoge cientos de críticas a la homosexualidad en el Viejo Testamento, pero que sin embargo es criticado por Cristo por su falta de hospitalidad más que de falta de moralidad sexual.
Varias webs recogen estos y más versos, sobre los que los expertos pretenden buscar una conclusión, aún no definitiva, cobre cómo es tratada la homosexualidad por la Biblia.
Mayoría Protestante en Estados Unidos llega a su Fin
El 51% de la población estadounidense se considera protestante, pero sólo el 43% de los norteamericanos de entre 18 y 29 años se declara adscrito a esta confesión, según una encuesta realizada por The Pew Forum on Religion & Public Life. Si este patrón generacional persiste, los días de la “mayoría moral” protestante norteamericana se acercan a su fin, según Time.
El catolicismo ha sido el que mayores pérdidas ha sufrido como resultado de los cambios en las afiliaciones religiosas de los norteamericanos: mientras que uno de cada tres americanos (el 31%) ha crecido en la fe católica, hoy día sólo uno de cada cuatro (el 24%) se describe a sí mismo como católico. En total el 28% de los adultos ha emigrado a otra religión o hacia el ateísmo. Por Yaiza Martínez.
Ateísmo, agnosticismo y competitividad
En el grupo de personas que no se declaran adscritas a ninguna religión particular (el 16,1% de la población) también se produce una marcada diversidad. Aunque una cuarta parte de este grupo está formado por aquéllos que se describen ateos o agnósticos (1,6 y 2,4% de la población respectivamente), lo cierto es que un 12,1% de la población general simplemente señala que no sigue ninguna religión concreta.
Pero incluso las religiones menos importantes de Estados Unidos reflejan una diversidad interna considerable, señala la encuesta. Por ejemplo, la mayoría de los judíos (el 1,7% de la población adulta global) se identifica con uno de los tres grupos principales: judíos ortodoxos, conservadores o reformistas.
En el caso de los budistas (0,6% de la población general) ocurre algo parecido: el porcentaje se reparte entre el budismo zen, el budismo theravada o el budismo tibetano. Los musulmanes (0,6%) son suníes o chiítas.
Además de la diversidad, también se da un movimiento constante en lo que la encuesta denomina “el mercado religioso americano”. Los grupos religiosos principales simultáneamente ganan y pierden seguidores. Y los grupos pequeños también reciben y pierden adeptos en mayor o menor medida.
La escena religiosa norteamericana es dinámica, informa la encuesta y, al parecer, también está condicionada por las edades de la población: por ejemplo, más del 60% de los norteamericanos mayores de 70 años son protestantes, pero sólo el 43% de los norteamericanos de entre 18 y 29 años también se declaran protestantes. Según el informe, si este patrón generacional persiste, el protestantismo seguirá perdiendo adeptos en los próximos años. Por esta razón, la revista TIMESONLINE comenta al respecto del protestantismo que los días de la “mayoría moral” protestante Americana se acercan a su fin.
vía Tendencias
El Cuerpo de Padre Pío no tiene Estigmas
El domingo 9M terminó para los fundamentalistas católicos españoles en absoluto desastre, como si de un castigo divino se tratase. No sólo han tenido que vivir la indignidad de verse rechazados en las urnas después de haberse movilizado políticamente al máximo de lo que eran capaces sino que pocas horas antes, a las 00:00h y un minuto de ese mismo día para ser exactos, habían tenido una derrota mucho más profunda : frente al sepulcro abierto del Padre Pío, un monje capuchino muerto hace 40 años y canonizado en 2002, el Arzobispo de Manfredonia, Domenico D'Ambrosio, anunciaba lo que muchos fieles temían: ¡El Santo no tenía las llagas de Jesús!.
Por razones no del todo claras, el Vaticano había decidido exhumar al Padre Pío dejándole a la vista de los fieles por unos meses con motivo de los 40 años de su muerte. Ya entonces, en el momento de su entierro, se había rumoreado que sus famosos estigmas, los mismos que Jesús y que aquejaban al santo hombre desde su juventud, habían desaparecido y se esperaba un desmentido teniendo finalmente la posibilidad de observar directamente su cuerpo. Quién sabe si la prisa y las emoción de los doctores que habían acompañado Padre Pío en sus últimos instantes les habían privado de la serenidad necesaria para observar bien el fenómeno. Pero no, el Arzobispo fue categórico: Ni rastro del milagro.
Ademas, para más inri , el alto prelado declaró que estudiando minuciosamente sus manos no sólo se conservaban perfectamente y sin heridas, sino que hasta parecían recien salidas de las atenciones de una manicura. Para alguien como el Padre Pío que había basado gran parte de su fama sobre el hecho de experimentar constantemente en sus manos el dolor de la crucifixión de Jesús y que durante 50 años afirmó perder gran cantidad de sangre por estas profundas llagas, el buen aspecto post-mortem de sus extremidades era un verdadero acto de acusación.
Todo esto puede parecer de otros tiempos, historias de poca relevancia en el mundo moderno, pero sorprendentemente no es así. El culto al Padre Pío es uno de los más importante del Catolicismo de hoy. Mueve millones de creyentes y genera un fervor que es la fuerza de base el poder política de la Iglesia. En el 2004 el gran Architecto Renzo Piano acabo la construcción de una gigantesca basílica en el sur de Italia, donde el Santo está sepultado y se ha transformado en un lugar de peregrinación muy frecuentado. Asimismo, en España, el Padre Pío está muy presente y sus pequeñas imágenes santas se ven por todas las partes.
Después de dos años enfrentándome, a veces violentamente, con mentes capaces de creer que un hombre como el padre Pío puede levitar, generar perfumes dulces, estar en dos sitios en el mismo tiempo, curar el cancer y otras enfermedades y que de sus manos, pies y a la altura del corazón mana sangre misteriosamente, he aprendido a no reirme de estas afirmaciones. Para mantener hoy en dia estas creencias, hay que tener una pasión ciega en tu Fe y esto significa rechazar cualquier duda, cualquier debilidad. Esto genera una mentalidad constantamente en la defensiva, llena de oscuros recelos y de inseguridades. Son personas muy útiles para los que les saben manipular. Muy fieles y trabajadores incansables cuando se entregan a ti: Son el material del que se hacen las sectas.
Me he dado cuenta también de que muchos laicos subestiman el potencial o las consecuencias de esta realidad . El resultado es que después, a la hora de las decisiones importantes, cuando la sociedad se define, los mismos laicos se sorprenden del poder que manejan todavía esta gente. Sobre todo que se quedan asustados por la mala leche con la que saben luchar porque ni imaginaban lo profunda, visceral e irracional que es la fe que les motiva.
He tenido que pasar por dos años de locura obscurantista para empezar a medir lo que la religión significa de verdad y esta experiencia de primera mano me permite afirmar que lo que no se halló en el Sepulcro de Pietrelcina puede ser una arma importante contra este fanatismo. Como prueba de esta afirmación se puede citar la violenta controversia que generó en Italia la publicación, a finales del año pasado, de un libro escrito por Sergio Luzzatto que demostraba, con documentos del propio Vaticano, que el monje utilizaba acido fénico para provocarse las heridas. Hay que destacar que en España, el mundo eclesiástico tomo muy en serio esta amenaza, llenando sus medios de artículos denigrando la profesionalidad del historiador italiano, demostrando así que ciertas personas aquí son muy conscientes de la importancia política de estas supersticiones.
Lo que es cierto es que si Zapatero en su nuevo mandato, cumple con su intento de modernizar a España haciendo de este país un modelo de Estado Laico donde no haya lugar para la ignorancia, la reacción de los que manejan el oscurantismo será implacable, continua y sin escrúpulos. Tenemos que prepararnos mentalmente para resistir estas intensas presiones en nombre de la Razón. Eso sí, las cosas no pueden empezar con mejor augurio:
Los manos del Santo Pío de Pietrelcina no tienen estigmas.
La Mitad de los Jóvenes Españoles es Atea o Indiferente a la Religión
Estudioso hispano dijo que entre la población de menor edad de su país, el ateísmo es una posición más suave, pluralista y tolerante, que la de los mayores donde el rechazo a Dios es más pasional.
La mitad de los jóvenes españoles se definen como ateos, agnósticos o indiferentes ante los dictados de la Iglesia Católica, frente a la que ocupan cada vez posiciones más alejadas, lo que puede llevar a una pérdida "no sólo de la religión, sino de la cultura católica en España".
Esta es una de las conclusiones que se desprenden del estudio realizado por el catedrático en Sociología Alfonso Pérez-Agote, "Las tres oleadas de secularización de las conciencias", en el que asegura que por primera vez entre los jóvenes hay un trasvase de católicos practicantes y no practicantes a posiciones más alejadas de la religión.
En una década, entre 1994 y 2005, los jóvenes católicos practicantes han pasado de 18 a 10 por ciento y los no practicantes del 59 al 39.
Simultáneamente, los ateos, indiferentes y agnósticos han pasado del 22 al 46 por ciento, según datos de la Fundación Santa María.
"El ateísmo de los mayores es duro, activo, militante, de enfrentamiento, de queja frente a la Iglesia. En los jóvenes, acostumbrados a vivir en un medio variopinto, es una posición más suave, pluralista y tolerante", dice Pérez-Agote.
El informe constata también la evolución de la sociedad española a posiciones más abiertas.
Según datos del Centro español de Investigaciones Sociológicas (CIS) para el 2007, en pocos años, el número de parejas que deciden casarse por la Iglesia y el de los que optan por ceremonias civiles se ha igualado.
Se mantiene la tradición del bautismo, que reciben tres de cada cuatro españoles, aunque el 46 por ciento de ellos lo hace por costumbre.
En cuanto a los rituales en torno a la muerte, los mayores prefieren el entierro y los más jóvenes la incineración.
La gran mayoría de los católicos no parece seguir las directrices de la Iglesia en comportamientos políticos, económicos, profesionales o sexuales.
Actualmente, ocho de cada diez españoles consideran aceptable vivir en pareja, siete de cada diez aceptan el divorcio y seis de cada diez el matrimonio entre personas del mismo sexo.
La adopción por homosexuales divide la opinión, ya que el 43 por ciento la cree aceptable y el 41,7 por ciento lo contrario.
Finalmente, el estudio demuestra que, para la sociedad actual, la ética no está asociada de manera exclusiva a tener creencias religiosas. (EFE)
Estudioso hispano dijo que entre la población de menor edad de su país, el ateísmo es una posición más suave, pluralista y tolerante, que la de los mayores donde el rechazo a Dios es más pasional.
La mitad de los jóvenes españoles se definen como ateos, agnósticos o indiferentes ante los dictados de la Iglesia Católica, frente a la que ocupan cada vez posiciones más alejadas, lo que puede llevar a una pérdida "no sólo de la religión, sino de la cultura católica en España".
Esta es una de las conclusiones que se desprenden del estudio realizado por el catedrático en Sociología Alfonso Pérez-Agote, "Las tres oleadas de secularización de las conciencias", en el que asegura que por primera vez entre los jóvenes hay un trasvase de católicos practicantes y no practicantes a posiciones más alejadas de la religión.
En una década, entre 1994 y 2005, los jóvenes católicos practicantes han pasado de 18 a 10 por ciento y los no practicantes del 59 al 39.
Simultáneamente, los ateos, indiferentes y agnósticos han pasado del 22 al 46 por ciento, según datos de la Fundación Santa María.
"El ateísmo de los mayores es duro, activo, militante, de enfrentamiento, de queja frente a la Iglesia. En los jóvenes, acostumbrados a vivir en un medio variopinto, es una posición más suave, pluralista y tolerante", dice Pérez-Agote.
El informe constata también la evolución de la sociedad española a posiciones más abiertas.
Según datos del Centro español de Investigaciones Sociológicas (CIS) para el 2007, en pocos años, el número de parejas que deciden casarse por la Iglesia y el de los que optan por ceremonias civiles se ha igualado.
Se mantiene la tradición del bautismo, que reciben tres de cada cuatro españoles, aunque el 46 por ciento de ellos lo hace por costumbre.
En cuanto a los rituales en torno a la muerte, los mayores prefieren el entierro y los más jóvenes la incineración.
La gran mayoría de los católicos no parece seguir las directrices de la Iglesia en comportamientos políticos, económicos, profesionales o sexuales.
Actualmente, ocho de cada diez españoles consideran aceptable vivir en pareja, siete de cada diez aceptan el divorcio y seis de cada diez el matrimonio entre personas del mismo sexo.
La adopción por homosexuales divide la opinión, ya que el 43 por ciento la cree aceptable y el 41,7 por ciento lo contrario.
Finalmente, el estudio demuestra que, para la sociedad actual, la ética no está asociada de manera exclusiva a tener creencias religiosas. (EFE)
Estudioso hispano dijo que entre la población de menor edad de su país, el ateísmo es una posición más suave, pluralista y tolerante, que la de los mayores donde el rechazo a Dios es más pasional.
La mitad de los jóvenes españoles se definen como ateos, agnósticos o indiferentes ante los dictados de la Iglesia Católica, frente a la que ocupan cada vez posiciones más alejadas, lo que puede llevar a una pérdida "no sólo de la religión, sino de la cultura católica en España".
Esta es una de las conclusiones que se desprenden del estudio realizado por el catedrático en Sociología Alfonso Pérez-Agote, "Las tres oleadas de secularización de las conciencias", en el que asegura que por primera vez entre los jóvenes hay un trasvase de católicos practicantes y no practicantes a posiciones más alejadas de la religión.
En una década, entre 1994 y 2005, los jóvenes católicos practicantes han pasado de 18 a 10 por ciento y los no practicantes del 59 al 39.
Simultáneamente, los ateos, indiferentes y agnósticos han pasado del 22 al 46 por ciento, según datos de la Fundación Santa María.
"El ateísmo de los mayores es duro, activo, militante, de enfrentamiento, de queja frente a la Iglesia. En los jóvenes, acostumbrados a vivir en un medio variopinto, es una posición más suave, pluralista y tolerante", dice Pérez-Agote.
El informe constata también la evolución de la sociedad española a posiciones más abiertas.
Según datos del Centro español de Investigaciones Sociológicas (CIS) para el 2007, en pocos años, el número de parejas que deciden casarse por la Iglesia y el de los que optan por ceremonias civiles se ha igualado.
Se mantiene la tradición del bautismo, que reciben tres de cada cuatro españoles, aunque el 46 por ciento de ellos lo hace por costumbre.
En cuanto a los rituales en torno a la muerte, los mayores prefieren el entierro y los más jóvenes la incineración.
La gran mayoría de los católicos no parece seguir las directrices de la Iglesia en comportamientos políticos, económicos, profesionales o sexuales.
Actualmente, ocho de cada diez españoles consideran aceptable vivir en pareja, siete de cada diez aceptan el divorcio y seis de cada diez el matrimonio entre personas del mismo sexo.
La adopción por homosexuales divide la opinión, ya que el 43 por ciento la cree aceptable y el 41,7 por ciento lo contrario.
Finalmente, el estudio demuestra que, para la sociedad actual, la ética no está asociada de manera exclusiva a tener creencias religiosas. (EFE)
Gracias al Secularismo, el Mundo gozará de PAZ
El sociólogo Alan Wolfe no cree en una guerra de religiones, sino en su adaptación a la sociedad
La incorporación del secularismo a las creencias y prácticas religiosas asegurará la paz religiosa en el mundo, señala el sociólogo Alan Wolfe en un artículo publicado recientemente por la revista TheAtlantic.com. Los fanatismos religiosos, aunque existentes, así como la expansión de la religión en el planeta, no restan importancia a la expansión de la secularización, elemento que podría llegar a evitar el surgimiento de conflictos. Gracias al secularismo, las religiones se adaptan a las sociedades en las que viven, debilitándose así como fuerzas políticamente destructivas. Por Olga Castro Perea.
Alan Wolfe director del Centro Boisi para la Religión y la Vida Pública del Boston College, de Massachusetts, y autor de una decena de obras sobre religión y política en Estados Unidos, ha analizado en un artículo publicado por la revista TheAtlantic.com la situación actual de la religión en el mundo y las posibilidades de que entremos o no en una nueva era de conflictos religiosos.
En el futuro, señala Wolfe, el mundo gozará de una paz religiosa gracias al secularismo, que está permitiendo que las propias religiones se adapten y evolucionen en las sociedades en las que se desarrollan. Y aunque no nos libremos nunca del todo de los fanatismos, añade, no hay que olvidar que la sociedad sigue secularizándose, dando lugar a una transformación de las creencias y prácticas religiosas.
El ser humano nunca ha carecido de razones por las que luchar, pero en los últimos dos milenios ha luchado sobre todo por ideas concernientes a lo divino. La política, la tecnología, la capacidad militar y las enfermedades, han jugado todas papeles decisivos en el desarrollo de la historia, pero resulta imposible comprender el levantamiento y la caída de los imperios, el choque de civilizaciones y la evolución del equilibrio del poder, sin considerar el fervor único que inspiran las religiones, y la velocidad con que las nuevas religiones se pueden extender.
De hecho, cada surgimiento de una nueva pasión religiosa, aún produciendo el éxtasis y la revelación a algunos, ha desestabilizado las leyes establecidas, ha alimentado la intolerancia y ha conducido a la violencia entre los elegidos y los malditos.
Parecería, a primera vista, que esta situación ha cambiado poco. Wolfe cita al respecto un artículo de “The Economist”, titulado, “Las Nuevas Guerras de la Religión” (The New Wars of Religion,) que proclamaba que la fe desestabilizará la política a lo largo de este siglo, en todos los lugares del planeta, y que, a mediados del siglo XXI, el 80% de la población del mundo estaría adscrito a una de las principales religiones.
Algunos estudiosos de la religión han predicho qué religiones ganarán más adeptos durante las próximas décadas. El Pentecostalismo es uno de los candidatos favoritos porque está barriendo en Latinoamérica y África, señala Wolfe.
Evolución religiosa hacia lo secular
Los adeptos del Islam podrían constituir a su vez una quinta parte de la población mundial y, según muchos, sólo es cuestión de tiempo que llegue a superar al Cristianismo (profesado por un tercio de la población mundial actualmente) convirtiéndose así en la fe predominante en el mundo. Budistas e hinduistas juntos suponen el 20% de la población del planeta.
Más allá de este “reparto” de la fe, existe una preocupación real por la posibilidad de que la intensa competición por captar almas llegue a generar una nueva era de conflictos y guerras religiosas, ahora con el problema añadido de que existen las armas nucleares. Si, de hecho, nos enfrentamos a un periodo de expansión religiosa como las vividas anteriormente por la humanidad, deberíamos despedirnos de la Ilustración y sus principios de tolerancia, afirma Alan Wolfe.
A pesar de esta alarma con cierta base, Wolfe señala que no se debe ignorar que aún quedan dos factores básicos a tener en cuenta en el momento actual: por un lado, que muchas partes del mundo están experimentando un declive en las creencias y prácticas religiosas y, por otro lado, que allá donde las religiones están floreciendo, generalmente, también se está dando una evolución de éstas, a menudo de formas que permiten que las creencias religiosas se acoplen con más facilidad a las sociedades seculares, lo que las debilita como fuerzas políticamente destructivas.
Según Wolfe, la respuesta a cuál religión dominará el futuro, al menos políticamente, podría ser la siguiente: ninguna de las anteriormente mencionadas.
Religión versus dinero
Es cierto que la idea de la secularización inevitable ha decaído, a pesar de que el dogma de que el progreso material iría erosionando el fervor religioso siga pareciendo inexpugnable. El año pasado, el Pew Global Attitudes Project realizó un estudio con 44 países en los que se relacionó la capacidad adquisitiva de la población con las respuestas a una serie de preguntas relacionadas con la fe. El patrón resultante demostró que cuando Dios y el dinero se enfrentan, normalmente gana éste último.
Así, según este sondeo, en Europa occidental Dios, si no ha muerto ya, conserva un débil pulso. A pesar de algunos incrementos en la implantación del cristianismo e incluso del Islam (en países como Francia o Gran Bretaña), las cosas han cambiado: por ejemplo, España e Irlanda fueron dos de los países europeos más religiosos y ahora mismo son de los menos religiosos del continente.
No hace mucho, España estaba gobernada por un dictador fascista que colaboraba estrechamente con la Iglesia Católica, pero ahora se permiten en ese mismo país tanto las bodas homosexuales como la adopción por parte de parejas gay, lo que convierte a España en un país tan liberal como Massachussets, dice Wolfe.
Por otro lado, la prosperidad de la Europa oriental en los últimos años ha hecho que descienda también la religiosidad en esa zona; mientras que en Latinoamérica también se vive un declive de la religiosidad: en 2006 Chile elige a un presidente que es hijo de una madre soltera y la pasada primavera México legaliza el aborto. Y, aunque el Pentecostalismo aumenta su implantación en Sudamérica, también crece la clase media secular en países como Argentina, Colombia o Perú.
En los países asiáticos vuelve a cumplirse la proyección del estudio del Pew: Indonesia, uno de los países más pobres de la región, se cuenta entre los países más religiosos del mundo. China, más rica, es menos religiosa, al igual que la India, su principal rival en la lucha por la dominación futura de la economía mundial.
El caso de Estados Unidos
En cuanto a Oriente Medio, a pesar de los extremismos radicales religiosos que encontramos en países como Arabia Saudí, no es realista afirmar que el fundamentalismo islámico se extiende por toda la región, que es muy extensa, destaca Wolfe.
De hecho, incluso en Arabia Saudí, de acuerdo con una encuesta realizada por la organización Terror Free Tomorrow, sólo el 15% de la población se mostró partidaria de las ideas de Osama Bin Laden, mientras el 69% apoyaba que se fortalecieran los lazos con Estados Unidos. En África, la religiosidad está ampliamente extendida, quizá incluso más que en Oriente Medio.
Según Wolfe, los estadounidenses actualmente no sólo son más religiosos que los europeos, sino incluso más religiosos que los ciudadanos de algunos países latinoamericanos. Si se necesitan pruebas de que la religión permanecerá como un poder dominante en el futuro, hay que considerar el hecho de que la sociedad más poderosa del planeta también mantiene un altísimo grado de religiosidad: en nombre de Dios Estados Unidos ha invadido países, por ejemplo.
Los norteamericanos saben relativamente poco de los relatos, las controversias teológicas o incluso de los textos sagrados de las creencias religiosas que han elegido seguir. En las últimas décadas, se ha vivido una ascensión de la derecha cristiana en los Estados Unidos, pero también han avanzado inexorablemente los ideales seculares, como la libertad personal y el pluralismo, propios de los años 60.
A pesar de eso, en Norteamérica algunas corrientes religiosas, como el movimiento evangélico, han construido megaiglesias que se acoplan a las necesidades de los profesionales sin mucho tiempo, ofreciendo “productos” como centros de cuidado de día, grupos de auto-ayuda y sistemas de redes de oportunidades. De hecho, estas iglesias le deben más a las escuelas de negocios que a los textos teológicos, señala el autor.
La paz religiosa gracias a la secularización
Para Wolfe, independientemente de la relación entre dinero y religión, será el secularismo lo que garantizará la paz religiosa en el mundo. Esa paz será, de hecho, la consecuencia más importante del fortalecimiento secular del actual crecimiento de lo religioso. Todas las religiones tienden a ser protectoras con sus tradiciones y rituales, pero todas pueden también cambiar en función de las prácticas culturales de aquellas sociedades en las que se encuentran arraigadas.
El mundo actual es en gran medida, o secular o tendente hacia la secularización, incluso en las regiones en vías de desarrollo y no sólo en los países desarrollados. El mundo no se librará nunca del todo del fanatismo, y la globalización es tan capaz de diseminar las ideas extremistas como la moderación más avanzada. Pero el fanatismo no debería ser confundido con la intensidad religiosa. Se puede creer apasionadamente a Dios y llevar en otros aspectos una vida equilibrada.
Y los líderes religiosos con tendencia al fanatismo probablemente descubrirán que el precio de usar la fuerza para expandir la palabra de Dios, o tratar de monopolizarla, se convertirá en una agarradera muy endeble en el futuro.
Además, el futuro podría llegar antes de lo que esperamos. Hemos visto la rapidez con que la religión se ha expandido en el pasado, reclamando adeptos de religiones de la competencia. Tanto el secularismo como las formas secularmente inspiradas de ser religiosos también se expanden rápidamente, incluso más que la religión. Tal vez llegue el día en que los historiadores miren al pasado, a nuestras próximas décadas, y lo vean no como a una nueva era de conflictos religiosos, sino como la era en la que la secularización conquistó el mundo, concluye Wolfe.
Los Nuevos Pecados Capitales
Marcelo Justo (BBC Mundo).- Quien diga que la Iglesia no actualiza su doctrina con los tiempos, no conoce a Monseñor Gianfranco Girotti, director del penitenciario apostólico, organismo que supervisa la confesión y las indulgencias plenarias de la iglesia.
Según el órgano oficial del Vaticano, "L'Osservatore Romano", Monseñor Girotti concluyó que la vieja lista de pecados elaborada por el Papa Gregorio Magno en el siglo VI y popularizada por Dante en La Divina Comedia, no bastaba para describir los tiempos modernos.
A partir de ahora tenemos pecados capitales en los tiempos de la globalización.
"Uno no ofende a Dios solo al robar, blasfemar, o desear la mujer del prójimo, sino también cuando uno daña el medio ambiente, participa en experimentos científicos dudosos y manipulación genética, acumula excesivas riquezas, consume o trafica drogas, y ocasiona pobreza, injusticia y desigualdad social", dijo Monseñor Girotti.
Ese infierno tan temido
La nueva lista de Monseñor nos facilita un poco las cosas porque en vez del tortuoso examen de conciencia de la confesión y la sinceridad del arrepentimiento que debían hacer nuestros antepasados, basta con consultar la revista Forbes para encontrar quienes van a poblar el infierno.
De acuerdo con el ranking de super millonarios publicado a principios de marzo por la revista, se puede anticipar que allí se dirigen el inversionista Warren Buffet, campeón indiscutido hoy en día en el rubro de las fortunas obscenas, el mexicano Carlos Slim, número dos, y ese tercerón de Bill Gates.
Con el pecado mortal de la contaminación ambiental habría que deslindar responsabilidades o directamente enviar al infierno a la mayoría de los estadounidenses, los grandes contaminadores del planeta, y también a los chinos, que si siguen así no se van a salvar de las llamas.
Con los científicos es más fácil: si se dedica a la manipulación genética, derecho al infierno.
Creo que los narcotraficantes nunca se hicieron ilusiones respecto a su destino, pero el caso de los drogadictos me parece más complejo: ¿sería justo que terminen en el infierno después de haberlo vivido en la tierra?
¿No deberían tener una conmutación de la pena?
En fin, la doctrina eclesiástica está hecha de vaivenes y puntos oscuros, como el sexo de los ángeles.
Ni siquiera el infierno es un lugar seguro.
En 1999 el entonces papa Juan Pablo segundo había aclarado que no era un lugar sino una situación: el alejamiento de Dios.
El año pasado, el actual papa Benedicto XVI dijo que el infierno existe.
Y, por lo que se ve, en estos tiempos de la globalización estará tan lleno que pronto tendrán que construirle una sucursal para albergar a sus nuevos reclusos.
El Precio del Velo
El velo, un simple pedazo de tela, se ha convertido en la manzana de la discordia en Europa, un continente amenazado por el envejecimiento de la población, que, para sobrevivir, les abre a regañadientes las puertas a millones de inmigrantes, entre ellos miles de mujeres musulmanas que, por tradición o imposición, se cubren.
Giuliana Sgrena, veterana feminista y corresponsal de guerra del diario de izquierda Il Manifesto, que viajó a varios países islámicos, no tiene dudas: "El velo es el primer paso para la reducción de los derechos de la mujer".
Autora de El precio del velo. La guerra del islam contra las mujeres, recientemente editado en Italia, Sgrena saltó trágicamente a la fama tras ser secuestrada en Bagdad en febrero de 2005 por un grupo islámico que nunca la obligó a cubrirse porque no era fundamentalista, según contó a La Nación (Argentina) en una entrevista mantenida con Elisabetta Piqué, corresponsal en Italia.
Cuando fue liberada, en marzo del mismo año, gracias a los servicios secretos italianos, vivió otra pesadilla: el auto en el que se dirigía al aeropuerto de Bagdad junto con dos agentes italianos fue acribillado a tiros por soldados estadounidenses. En el ataque murió el agente Nicola Calipari.
Comprometida a dar a conocer lo que considera una realidad dramática, Sgrena está convencida de que el velo representa, y no sólo simbólicamente, "la opresión de la mujer en el mundo islámico".
Afirma que detrás de su imposición no se esconde solamente el intento de las fuerzas más fundamentalistas de "reislamizar" la sociedad, sino, además, una verdadera guerra contra las mujeres, y en contra de su cuerpo, visto como el terreno de batalla sobre el cual afirmar principios y costumbres que poco tienen que ver con la tradición islámica, sino con un "nuevo" retorno al orden machista y reaccionario.
"Sólo una interpretación fundamentalista del islam dice que hay que llevar el velo. Tanto es así, que en los tiempos de Mahoma no se llevaba el velo", afirma Sgrena, que condena duramente el "relativismo cultural" de la izquierda, e incluso de varias feministas de Occidente.
"Mientras la derecha considera a estos pueblos salvajes, por lo que es mejor mantenerlos alejados de nosotros, la izquierda, que también tiene una actitud distinta en cuanto a la inmigración, cae en la trampa de considerar el velo de las mujeres musulmanas «parte de su cultura, parte de su tradición», y no va al fondo del problema, que es que el velo no es el fruto de una elección libre de la mujer, sino una condena".
En su libro, una investigación a fondo, llena de datos, Sgrena denuncia la violencia, las infamias, las muertes y la tremenda discriminación que sufren las mujeres. Además, se rebela ante lo que pasa en la misma Italia, y en otros países europeos, con las mujeres musulmanas.
Muchas de estas, que creen haber alcanzado finalmente la libertad al llegar al Viejo Continente, chocan con el hecho de que son "doblemente discriminadas", como inmigrantes y como musulmanas. Y pasan a vivir un verdadero infierno, al terminar solas y olvidadas en virtuales guetos, donde la opresión de los hombres, que las encierran en sus casas y las obligan a veces a usar velo, o incluso burka (la tristemente célebre túnica afgana con una rejilla a la altura de los ojos), termina siendo aún mayor que la de sus países de origen.
Hace dos años la opinión pública italiana vivió con gran conmoción el caso de Hina, una joven paquistaní que vivía como una occidental, y que, por este motivo "de honor", fue brutalmente asesinada por su propio padre. Pero Sgrena considera que en Italia "hay muchas Hinas".
"Yo no lo sabía, pero es altísimo el número de mujeres que han sido asesinadas en Italia porque no respetaban las reglas impuestas por la familia o por la comunidad. ¿Cómo podemos aceptar que en nuestro país pasen cosas de este tipo?", se pregunta.
"Reislamización"
Para Sgrena, estamos frente a un claro proceso de "reislamización". "Antes, cuando iba a Argel, a Amman o a El Cairo veía poquísimas mujeres con velo, salvo en los barrios populares, donde usaban el tradicional. Pero si uno viaja ahora, no encuentra mujeres sin velo, porque hay un proceso de «reislamización», impulsado por los Hermanos Musulmanes, que establecieron que las mujeres deben llevar el velo. Si no, corren gravísimos riesgos", afirma la periodista.
Pero en su libro pueden leerse otras cifras que hablan de una situación espantosa: 50.000 mujeres se suicidan al año en todo el mundo forzadas por sus familias para limpiar su honor, según datos de la ONU.
Hace cuatro años, cuando Francia prohibió el velo y otros símbolos religiosos en las escuelas, Sgrena era escéptica. Pero cuando viajó allí para hacer un reportaje y ver cómo se había implementado, quedó muy sorprendida. Según el Ministerio de Educación francés, sólo 47 estudiantes en todo el país habían abandonado las escuelas públicas, entre ellas algunas que decidieron matricularse en escuelas católicas y otras que optaron por seguir cursos por correspondencia.
Para Sgrena, en cambio, la reciente ley aprobada por Turquía, que permitió el uso del velo en las universidades, es un paso atrás. "Es cierto, el velo es un pedazo de tela, pero la verdad es que en todos los países siempre se empieza con el velo", afirma. "Por eso, para mí, es el primer paso de Turquía hacia la «reislamización»", dice.
Christian Gadea Saguier
Más allá del Principio Divino
Prólogo al «Tratado de ateología» de Michel Onfray, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 2005.
Los difíciles momentos de cambio que estamos viviendo indican que ha llegado la hora de repensar si es posible liberarnos de las moralinas que en nombre de lo divino atentan contra el deseo y la razón, tal como propone Michel Onfray en este lúcido libro. Oscuros dispositivos religiosos promueven simulacros como si fueran realidades. Los tres grandes monoteísmos vigentes atentan contra el cuerpo, el placer y la vida. Se pliegan así a un nihilismo negativo que cree en ficciones, inventa culpas y produce sometimiento. Sin embargo, se puede pensar en un crecimiento fructífero y poderoso que emanaría de un nihilismo positivo, cuya inmanencia despojaría al cielo de falsos dioses y reforzaría la voluntad de existir. Tomaríamos distancia así de las posiciones metafísicas que nos emborrachan con el fiero aliento de los fanatismos trascendentes.
La astucia del accionar teocrático no sólo reafirma el engaño conceptual de los creyentes, ha inseminado también los estamentos laicos. Es cierto que algunos monoteísmos encuentran adhesiones menos ostentosas que en otras épocas. Pero siguen convocando multitudes ante la muerte de un líder, siguen manteniendo cruzadas religiosas suicidas, siguen invocando principios divinos para expropiar, excluir, torturar, matar. Se esgrimen ideales teocráticos tanto para enjuiciar las cotidianidades humanas como para justificar las guerras soeces. Pues, según el autor, a pesar de los infantilismos conceptuales, la crueldad con los no adherentes, las contradicciones ontológicas y la moral pacata, las grandes religiones gozan de buena salud. Lejos están de debilitarse y sus súbditos de insubordinarse. Hasta los laicos –por infiltración cultural– asumen sus códigos domesticadores. Esos principios morales soterradamente propuestos por los delirios apolíneos de los monoteístas, que son enemigos naturales del amor pleno y de las alegrías sin sordina.
Sostiene Onfray que la influencia de la normativa cristiana circula por el entramado social. Incide en valoraciones y decisiones amordazando los sentidos, acallando los deseos, atacando la emancipación personal y promoviendo la intolerancia. Sorprendentemente el judaísmo y el islamismo sucumbieron, sin mucho esfuerzo, a la corriente moralizadora cristiana. De modo tal que los valores enarbolados por los tres monoteísmos constituyen una coacción sobre los sujetos. Y no sólo en el interior de las instituciones religiosas: esa imposición está presente también en los sistemas jurídicos, médicos, militares, pedagógicos, científicos, políticos y sociales.
La pulsión de muerte que moviliza a los artífices de la unicidad divina no se detiene en los límites de cada religión, señala el autor. Se expande por la historia e infecta la cultura. El baño metafísico en el que los poderes religiosos sumergen a sus fieles inunda a la sociedad en su conjunto. La normatividad cristina –burda copia desangelada de ideales paganos– demostró ser tan eficaz para el dominio, que sirvió de modelo no sólo a los demás monoteísmos, alcanzó también a las instituciones laicas que –con distintos grados de discernimiento– se dedican a someter a las personas.
La crítica de Onfray llega hasta el psicoanálisis, que a pesar de ser tan crítico en sí mismo, se ha plegado –se supone que inconscientemente– a una moral religiosa fisgona de las libertades corporales. De hecho, podemos acordar que la nueva teoría sexualizó la culpa y culpabilizó clínicamente ciertas elecciones sexuales. Freud no descontextualizó el estudio de la histeria. Esta neurosis de alto contenido sexual, como todas las patologías por él estudiadas, se inscribe en un marco teórico referencial construido por Freud, aunque acorde con ciertos supuestos pequeño-burgueses que imperaban en su época. Es verdad que muchos de esos supuestos se perturbaron con sus teorías. Pero no pudo prescindir del imaginario en el que persistían. La satisfacción sexual “normal” debe provenir de la relación con un objeto de deseo (otro sujeto) heterosexual y consumarse de manera casi bíblica. En consecuencia, si la idea regulativa de satisfacción sexual es el modelo planteado, se infiere que quien no observa tal conducta y se excita sin consumación tradicional, es un histérico o un perverso. El equivalente clínico de un pecador, un impío o un inmundo para los diferentes monoteísmos.
En otro orden de cosas, Onfray atiende a los fundamentos de la lógica jurídica, que se derivarían de las primeras líneas del Génesis. La desobediencia de quienes quisieron saber tanto como Dios –para ser capaces de ejercer el mismo tipo de poder– desató la ira divina. El padre adorable se transmutó en juez detestable. Condenó a sus criaturas a la vergüenza, el trabajo, el dolor de parto, la impotencia, el sufrimiento, la sumisión de las mujeres y la miseria sexual. El derecho positivo, aunque se hace pasar por laico, surge de la episteme judeocristiana. Los hombres de la ley, a pesar de que frecuentemente se proclaman ateos, se pliegan a esa episteme con sus prácticas discursivas. Cuanto más incrédulos son, más se aferran con uñas y dientes instintivamente a las valoraciones morales coercitivas provenientes de los teísmos.
Ya Immanuel Kant decía que nadie puede demostrar la existencia de Dios, aunque tampoco su inexistencia. Ahora bien, Onfray apunta que si la existencia de Dios impidiera el odio, la mentira, la violación, el saqueo, la violencia, el desprecio, la corrupción, la paidofilia, el infanticidio, en fin, el resentimiento y la maldad, los altísimos jerarcas religiosos y sus ejércitos de rabinos, imanes, curas y creyentes descollarían por sus virtudes. Ello, al menos, demostraría a los ateos la excelencia moral del estatus religioso. Sus comportamientos ejemplares serían una prueba irrefutable de que algo superior conduce sus acciones. Lejos estarían de someter sexualmente a las personas, de alentar masacres suicidas o de invadir territorios ajenos. Sin embargo, en sus alforjas históricas llevan personas calcinadas en hogueras, pueblos sometidos en nombre de guerras santas y discriminaciones avaladas por supuestas verdades religiosas. La prueba de la existencia de tales verdades se reduce a la suma de errores repetidos.
Friedrich Nietzsche, recordemos, se pregunta: “¿Qué es la verdad?”. Y propone: un vivaz ejército de metáforas que a fuerza de ser transmitidas, adornadas y repetidas, después de un largo uso, a un pueblo le parecen definitivas, canónicas y obligatorias. Las verdades son ilusiones con respecto a las cuales se ha olvidado que son inventos de quienes ejercen el poder. Esas metáforas han ido desgastándose paulatinamente y perdiendo fuerza sensible hasta terminar imponiéndose como designio irrefutable.
Así, Pablo de Tarso creyó –dice Michel Onfray– que una voz sobrenatural le ordenaba sembrar el odio por el mundo. Odio a los no cristianos, a las mujeres y a la carne. No se encuentra por cierto más libertad en los otros monoteísmos. El significado de “musulmán” es “sometido, subordinado a los mandatos de Dios y de Mahoma”. Por su parte, los judíos sufren el imperativo de actuar siguiendo las prescripciones milimétricas de la Torá. Las religiones necesitan sujeción, incultura e ignorancia. Así se expanden, aseguran su existencia y –a veces– hacen desaparecer a quienes no adhieren a ellas.
Nuestro autor se solaza con reconstrucciones de este tipo. Su reflexión desmonta los principales mitos de las tres grandes religiones: el cristianismo, el judaísmo y el islamismo. El análisis devela miserias, ironías y contradicciones como quien despliega, ante asombrados ojos, una variada colección de joyas conceptuales. Se descubren intrincados dispositivos de poder que originaron y sustentan los dogmas religiosos. Onfray no desatiende tampoco la mala conciencia de los creyentes. No porque se mientan a sí mismos siendo conscientes de su impostura, sino porque sustentan una falsa representación acerca del estado de las cosas, sin ser conocedores del autoengaño. Afirman que es verdadero lo que creen y creen que es verdadero lo que afirman. La enunciación construye la verdad autenticando el extraño poder de un lenguaje que, al afirmar, convierte en real lo que enuncia.
“Los declaro marido y mujer”, dicho por la persona adecuada en una situación apropiada, instaura una realidad. De manera similar se instauran, desde lugares autoritarios, procedimientos intimidantes que mantienen a los fieles en el espíritu de rebaño, constituido por seres obedientes que contribuyen al reposo, el solaz y el enriquecimiento de los pastores.
En el presente libro se despliega una física de la metafísica y, como solución contra los devaneos místicos, se propone una ateología, concepto que, no ingenuamente (si se lo piensa desde las relaciones de poder), carece de sinónimo positivo. Esta física es abordada por Onfray mediante una deconstrucción histórica y política, que va dejando al descubierto las trampas de los monoteísmos en general y del cristianismo en particular. El autor considera que la teocracia es un dominio que va más allá de lo religioso e impregna con su pulsión de muerte a la sociedad civil. Su Tratado de ateología culmina con una bibliografía no tradicional en la que los textos se citan en medio de amenos e ilustrativos relatos. De este modo, la reflexión traspasa los límites de las cuatro partes en las que se divide la obra.
En el transcurso de la lectura se descubren valores que atraviesan a todas las religiones monoteístas, sin negar por ello sus obvias diferencias. Las tres manejan el arte de engañar a sus fieles, cercenar sus libertades, domesticarlos y someterlos inculcando la intransigencia con el pensamiento diferente. El cristianismo, el judaísmo y el islamismo, como si se hubieran puesto de acuerdo, desestiman la condición femenina, desprecian el cuerpo y descalifican los goces mundanos. Dios ama las vidas mutiladas, aunque promete edenes posmortales y defiende una moral al servicio del dominio. Impone a sus prosélitos sacrificios que les ahorra a sus dirigentes y enseña verdades que únicamente las jerarquías religiosas pueden extraer de los textos sagrados. Curiosamente, las tres grandes religiones enarbolan un libro único. Resulta paradójico que aunque no son el mismo texto para cada una de ellas, los tres registran gran similitud en sus mitos, irracionalidades, humillaciones para sus acólitos y anatemas contra los infieles.
Sin embargo, si el poder únicamente reprimiera, no podría mantenerse. Seduce con embelecos de ambos mundos. Hubo judíos que resistieron de manera militante la invasión romana. Los cristianos de la época de Constantino vieron crecer desmesuradamente su poderío político. Nuestros contemporáneos islámicos se inmolan para destruir a sus enemigos mundanos convencidos de estar adquiriendo un pasaje al paraíso. Incluso, el estallido musulmán en Irán en el siglo XX confundió –incomprensiblemente– al propio Michel Foucault.
El filósofo creyó que el ayatolá Jomeini representaba una insurrección positiva contra los sistemas de dominio occidental. Juzgó sus primeras acciones públicas como una forma moderna y original de rebelión. Es increíble que un pensador que denunciaba exclusiones de todo tipo se haya subyugado con un represor cuyo accionar –aunque más no fuera por la ideología que sustentaba– inevitablemente activaría todo lo que el pensador francés había combatido: discriminación sexual, sometimiento de las minorías, encarcelamiento de marginales, eliminación de diferentes, interrogatorios violentos, sistema carcelario, asesinato de disidentes, disciplinamiento de cuerpos y sociedad punitiva. De todos modos, se impone una aclaración: a los pocos meses de su encandilamiento con el movimiento fundamentalista, Foucault realizó una dura autocrítica acerca de su injustificable error de apreciación política.
El desfile de horrores se agudiza cuando Onfray denuncia las connivencias entre el Vaticano y Hitler, o la sangrienta toma de territorios por parte de los judíos, o las embestidas sanguinarias de los islámicos, entre otras incongruencias de quienes, por profesar creencias eternales, esperaríamos caridad, tolerancia y solidaridad. Y aunque no está explícito, de lo dicho se desprende que atropellos como los del actual imperio y sus aliados también están impulsados por intereses de raigambre teocrática en beneficio, en este caso, de los cruzados posmodernos.
Pero tanta denuncia exige salidas posibles. La propuesta ofrecida por Onfray es tan apasionada como el estilo que atraviesa de punta a punta su investigación. Se trataría de comenzar a descristianizar nuestra episteme sin ligerezas ni frivolidades, de trabajar sobre las representaciones sociales y educar las conciencias en vistas a una razón ampliada que superara las ignominias de la propuesta teológica. Esto se lograría, según el autor, con la promoción de un laicismo poscritiano, capaz de superar al actual ateísmo demasiado impregnado todavía de lo mismo que pretende combatir. Quienes tomen la posta del nuevo ateísmo deben saber que toda promoción metafísica o religiosa tiene la posibilidad de invadir nuestras instituciones y nuestras subjetividades. En función de ello, se debe estar conceptualmente en estado de alerta. Se trataría de una especie de vigilancia epistemológica del ateísmo, de una tarea militante y opuesta a cualquier elección entre cristianismo, judaísmo o islamismo.
Un principio divino es sólo un conjunto de palabras. No hay entidad que lo sostenga. Más allá no hay nada. Pero en este mundo, en la contundente realidad de la inmanencia, existen pensamientos alternativos a la filosofía teocrática hegemónica. Existen sujetos alegres que aman la vida. Hay materialistas, cínicos, hedonistas, sensualistas, dionisíacos. Ellos –señala Michel Onfray– saben que sólo tenemos un mundo y que al negarlo nos arrojamos a la pérdida de su uso, disfrute y beneficio.
Esther Díaz
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